En medio de la inmediatez que se vive a través de las redes sociales y el uso del internet, el género epistolar en la literatura parece una excentricidad. No obstante, se puede encontrar un punto medio a través del intercambio de correos electrónicos, “en tiempo de las redes sociales estamos acostumbrados a tener una comunicación instantánea, muchas veces evanescente. Ilan Stavans y yo quisimos recuperar una forma más lenta de la conversación que pasa por el diálogo escrito. Utilizamos las redes como si estuviéramos en una tertulia de café”, refirió Villoro. 

Este es el formato del nuevo libro de Juan Villoro en conjunto con Ilan Stavans titulado ‘El ojo en la nuca’ y editado por Anagrama. Se trata de un intercambio de diálogos por escrito entre estos dos autores, una conversación a la antigua: “Buena parte de la cultura se ha hecho conversando. En el siglo XVIII los grandes pensadores fueron también grandes locuaces. Había famosos salones en donde Voltaire, Rosseau y compañía discutían de todos los temas posibles, e incluso había enciclopedias de la conversación, planeadas para tener conocimientos que te permitieran dialogar con los demás. No era información puntual, sino organizada para poder hablar sobre el tema. Así se llamaban, Enciclopedias de la Conversación”. 

Por otro lado, para el libro ha sido muy enriquecedor las diferencias que existen entre los dos escritores: “Somos muy diferentes. Ilan es un mexicano errante. A los 20 años salió de México, pertenece a la comunidad judía y por lo tanto tiene parientes en muchos lugares, escribe en inglés, español y se ha especializado en el espanglish. Desde su extraterritorialidad ve el país de manera diferente, de modo que la diferencia de perspectivas me resulto muy estimulante para pensar en mí mismo, en el trabajo de los demás y sobre el país”. 

Los temas que se desarrollan en el libro, se acercan más a la vida personal  de Stavans y Villoro “Stavans propuso el libro, los temas y el título. Yo fui reaccionando a sus iniciativas. La idea era pasar a la tramoya de la creación literaria. Qué hay detrás, qué supersticiones, qué convicciones, qué creencias, qué relaciones familiares fomentan la escritura misma de tu obra. El libro trata sobre la preparación para escribir”. 

Puede encontrarse a lo largo del libro el nombre del escritor Roberto Bolaño, amigo cercano a Villoro, “me preguntan muchísimo por Bolaño, un poco menos en los últimos años. Se han cumplido ya once años desde su muerte. Siempre pensé que era un extraordinario escritor, aunque nunca pensé que podía conectar tan masivamente con lectores de tantos lugares. La fama es un malentendido y nunca sabes por qué un escritor conecta con el gran público. A mí me gusta el Bolaño de extensión intermedia, el de las novelas breves como ‘Estrella distante’, ‘Nocturno de Chile’, piezas maestras”. 

Apenas el día de ayer circuló una fotografía de Villoro a mitad de la marcha que se suscitó a nivel nacional, “El filósofo Adorno lanzó una pregunta después de Auschwitz, “¿es posible seguir escribiendo poesía?”. Esa pregunta siempre es retórica. Se sigue escribiendo después de la Guerra de Troya. Yo creo que sería terrible que nosotros nos silenciáramos por esto. El escritor debe tener dos cometidos. Por un lado, no cerrar los ojos ante los problemas que tenemos; pero también el escritor debe preservar el humor, la felicidad, la sensualidad, todo lo que no es infierno”, finalizó.