Dos películas francesas se estrenan al mismo tiempo esta semana en Guadalajara. La primera, El lenguaje del corazón, dirigida por Jean-Pierre Améris, es un drama inspirado en hechos reales y que sacude al espectador desde el principio hasta el final. La segunda, Dios mío, ¿qué te hemos hecho?, de Philippe de Chauveron, es una comedia muy divertida que utiliza el humor para introducirnos en el universo de un matrimonio que verá como sus fuertes y arraigadas creencias se tambalean con los matrimonios de sus hijas. Dos films muy diferentes, pero que dan buena cuenta de la buena salud de la cinematografía francesa.

¿Es que los cineastas franceses tienen más talento? ¿acaso son sus historias mejores? ¿tienen mejores actores que otros países? ¿o tienen mejores directores?... las respuestas, para mí, son claras: no, no, no y no… es cierto que tienen grandes directores, actores y guionistas pero no es por eso que su cine es la segunda cinematografía del mundo en exportación.

Entonces, ¿cuál es su secreto?, su secreto está en el gobierno francés que lleva muchos años considerando el cine nacional como un bien preciado que hay que proteger e impulsar, como una industria en la que hay que confiar como motor de la economía del país.

El cine francés consigue una media de 65 millones de espectadores en las salas mundiales cada año, aproximadamente 40 películas francesas son emitidas diariamente en televisiones extranjeras y 2/3 de la producción se exporta, como mínimo, a un territorio extranjero.

Dentro de sus propias fronteras el cine francés ocupa un 35% de las pantallas de exhibición, algo nada habitual en el resto de países salvo contadas excepciones. En Europa, por ejemplo, es un caso único.

Y para promocionar y difundir el cine francés en el extranjero el gobierno creó, en 1949, UNIFRANCE, un organismo que organiza 80 festivales franceses de cine, colabora con otros 60 festivales internacionales, cubre, anualmente, cerca de 300 desplazamientos de actores y directores al extranjero, cuenta con una red internacional de 800 distribuidores, compradores de películas francesas para TV y programadores de festivales en todo el mundo, así como 1.200 periodistas extranjeros.

Todo son ventajas si eres cineasta y tienes la suerte de nacer en territorio francés… Ojalá otros gobiernos tomaran buena nota…

   

Por Miss Davis