Lo que nos gusta en la niñez, se puede convertir en nuestro gran talento. En eso pensaba cuando mi hija practicaba para su examen de kinder con el ma me mi mo mu, tareas que me encanta compartir con ella y sobre todo porque al inicio del año escolar no le gustaban... ahora lo hace con tanta alegría y se la pasa practicando “Na de Natalia, ne de negro, ni de niño, no de no me quiero dormir y nu de nube”. Así se le va la vida descubriendo las palabras y de que está desesperada por aprender a leer. No podría estar más feliz... pero fue un año escolar lleno de retos porque hubo berrinches, quejas, tareas hechas cinco minutos antes de llegar al colegio, peinados express en el coche, buscar papelerías en la noche o improvisar el lunch con mucha creatividad.

Eso y mas aprendí en este año escolar porque me vuelvo a graduar de 3° de primaria y de 2° de kinder, vuelvo a estudiar las tablas, a repasar cantos, a preparar la exposición y al sufrimiento que nunca superé de hacer maquetas porque para este no tengo talento! Termino el año con una niña que de llorar en la mesa y poner miles de pretextos, ahora con ilusión saca su cuaderno, porque antes hacer una plana significa un martirio. Hemos dado un gran paso y ha sido juntas, digamos que el saldo es blanco. Ya aprendió a guardar sus cuadernos, me da los recados al instante y ahora está fascinada con su festival de fin de cursos, no cabe duda que eso me da vida y aunque debo correr luego a la oficina soy feliz de estar presente en sus momentos importantes. Por otro lado, mi niño de primaria va creciendo cada vez más que ya está por alcanzarme, veo que se interesa en otros temas y que de a poco, deja de ser mi niño, ahora lo veo que entiende ciertos problemas, que le da valor al tiempo que paso con él y me dice que ya sabe que será cuando sea grande: arqueólogo, ufff, no lo habría imaginado.

Nada cambiaría por ser mamá, aunque el esfuerzo es constante y en ocasiones agotador. Termino este año escolar entendiendo que vale la pena, que mi energía está enfocada que salgamos adelante, a nuestro ritmo, yo en mis proyectos y ellos en los propios, con ilusiones que van de acuerdo a su edad. Este año escolar también lo termino yo y ahora viene la emoción de los cursos de verano para jugar, pintar o bailar, que también los disfrutan y que hacen más ligero este asunto de trabajar con un par de niños. Se acerca el tiempo de comprar uniformes, zapatos, mochila y no cambio por nada el olor a libros nuevos, me encanta descubrirlos y veo una chispa en mi hija cuando me dice: “Mami ya estoy grande, entraré a tercero”. Me quedó con eso y sé que soy afortunada.

 

Por: Aracely Aguilera