Andrés Clariond Rangel es un cineasta originario de Monterrey, que estrena su primer largometraje titulado Hilda, protagonizado por Verónica Langer y Adriana Paz, en la que una activista del 68 deja sus ideales para casarse con un millonario. En el ocaso de su vida, ignorada por su esposo y su entorno social, entra en una crisis que desencadena una serie de críticos eventos, al grado de obsesionarse con su empleada doméstica.

 

¿De quién es el guión y por qué te interesó llevar esta historia al cine?

“El guión es mío, está inspirada en una obra de teatro de una autora francesa que se llama Marie N’Diaye. Me llamó mucho la atención por su temática y porque aplicaba muy bien a la realidad mexicana, el tipo de humor que a mí me gusta que es un humor negro y además por los temas del clasismo, racismo, que no hemos superado y que me interesaba tocar en una película”.

 

¿Cómo fue la selección del elenco?

“Tenía varias opciones para cada personaje, pero hicimos casting, las junte para ver la química ya que había elegido a Verónica, con diferentes posibles Hildas, a ver cómo se veían, cómo interactuaban, y fue un proceso de ver mucha gente, el personaje de la señora Le Marchand, estábamos limitados a cierta edad porque tenía que ser una persona entrada en sus sesenta y tantos años, pero hay muchas actrices muy talentosas y tenía varias opciones pero la que más me gustó fue Verónica”.

 

¿Qué reto enfrentaste al ser tu opera prima?

“Retos de muchos tipos, desde convencer a la gente de que podía hacer este guión, que a muchos les parecía muy ambicioso para una primera película. En la producción detalles como pintar el pelo de tal color, me fui volviendo cada vez más obsesivo y aprehensivo porque desgraciadamente en una filmación son cinco semanas donde la gente está bajo mucha presión. Al momento de estar editando, encontrarle el tono correcto, mantener un humor más intelectual y en base a las actuaciones, dirigir a las actrices para que estén contenidas, en una actuación sutil, sin exageraciones, tienes retos por todos lados, porque como director tienes que estar en todo”.

 

¿Tienes alguna influencia de algún cineasta específico para haber llevado esta historia de teatro al cine?

“Yo le voy mucho a que la gente se prepare, a que se eduque, escribir guiones y dirigir películas es un oficio que se tiene que aprender, a veces está la noción de tú lánzate y es de inspiración y de genialidad, hay casos así, pero la mayoría de los mortales tenemos que educarnos y pasar por un proceso de aprendizaje. Para mí haber asistido a una escuela de cine fue un parteaguas, donde me dieron las herramientas para poder escribir y todo eso lo apliqué adaptando la obra de teatro; afortunadamente es una obra de teatro muy minimalista donde me dio mucho espacio de acción y de crear, es una obra que aparece como un cimiento para de ahí crear, que me sirviera de inspiración para hacer algo propio. Influencias sí, tengo muchos directores que admiro, está Buñuel, Polanski, obviamente todo eso se va reflejando”.

 

¿Qué mensaje tiene la propia historia o qué mensaje quieres dar?

“Es una reflexión, provocar un debate sobre estos vicios que tenemos tan arraigados como sociedad, el clasismo, el racismo, las relaciones de poder y generar entretenimiento que provoque reflexión, demostrar que se puede hacer un cine divertido, pero que haga pensar”.

 

Después de Hilda ¿qué otros proyectos tienes?

“Recientemente coescribí un documental que se llama El poder de la silla, donde entrevistamos a cuatro ex gobernadores de Nuevo León sobre las intimidades del poder y lo estuvimos proyectando en lugares públicos, en auditorios y universidades, durante la época electoral de Nuevo León. Ahora estoy escribiendo un guión de largometraje, que está en sus inicios”.

 

 TEXTO: XOCHITL MARTÍNEZ