El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
 
El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.
 
Parece que sales y soles,
nosotros y nada...
 
Jaime Sabines.

 

 

 Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis en 1917 escribió el artículo “Duelo y Melancolía” en el que introduce el término “trabajo de duelo” (trauerarbeit) para describir la reacción ante la pérdida de un ser querido. Al igual, se puede estar de duelo por una cosa, un ideal, o un aspecto de la cosa o de la persona que pudiera haber sido dañado o que ha desaparecido.

Freud explica que es un trabajo que exige una ardua tarea interior, en lo psíquico. Un desprendimiento lento y minucioso de los recuerdos vinculados de la persona a quien se ha perdido. Desinvestirlo afectivamente, pedazo a pedazo, parte por parte, se va elaborando una especie de desmantelamiento de la imagen de la persona amada. El duelo es una separación forzada y dolorosa de lo que tanto hemos querido y que ya no existe más con nosotros. Habrá una pérdida del interés por el mundo exterior y de la capacidad de amar, el mundo repentinamente se vuelve pobre y vacío.

El dolor que se siente es a causa de la separación y de la disolución del lazo afectivo. La realidad exige que cada uno de nosotros modifique y hasta anule ese lazo con la persona que en adelante no estará ya presente .No perdemos a alguien cuando muere, sino que lo vamos perdiendo solamente después de un prolongado periodo de elaboración.

La teoría que postuló Freud hace casi cien años sobre el duelo, sigue siendo una publicación de gran valor, sólo que ahora la manera en la que nos enfrentamos a la muerte y a la elaboración de un duelo han tenido un cambio significativo con las nuevas tecnologías en el uso de las redes sociales.

Los familiares de la persona que ha muerto, suelen mantener el perfil de Facebook activo; se enfrentan a una gran dificultad para cerrarlo y con muy poca frecuencia de la manera de hacerlo, si no conocen la contraseña requerida. ¿Cómo eliminar la cuenta de Facebook, Instagram o Twitter de alguien a quien amamos, extrañamos y que ya no existe? Es una decisión dolorosa que afecta mucho a los familiares y amigos.

En la primera etapa de elaboración del duelo, las redes sociales se convierten en un espacio de contención y acompañamiento para los dolientes que buscan respuestas ante tan abrumadora pérdida. El duelo termina haciéndose público como una manera de soporte al compartirlo con otros, pero no a quien hemos perdido. Si a quien se le dirigen las palabras o incluso las fotografías de los seres vivos es a la persona que ha muerto y se continúa haciéndolo a medida que pasan los meses e incluso los años, entonces estamos hablando de que se ha detenido el proceso del duelo y se ha convertido en un duelo patológico, indefinidamente prolongado ya que el familiar mantiene con vida a la persona perdida, sigue viviendo con ella y eventualmente hasta la alucina.

El dolor no se debe tanto al hecho de haber perdido al ser amado, sino más bien al hecho de  tenerlo demasiado presente, más presente que nunca. Lo que duele no es separarse sino aferrarse más intensamente a esa persona. Es el deseo de retenerlo,  no aceptar la realidad de que ha muerto. Un duelo no elaborado puede devenir en una depresión, una melancolía (duelo patológico) o una enfermedad psicosomática. 

Cuando perdemos a un ser querido no hay un desprendimiento inmediato sino todo lo contrario, aumenta el apego. Pasando el tiempo, lo normal de un duelo consiste en aprender a pensar sin culpa sobre la pérdida, sin rabia por ese destino, sin angustia, sin enojo por el abandono, poder expresar los sentimientos que esta ausencia provoca y lograr compartirlos, si así se desea, en las redes sociales, en un clima de respeto, de alegría, sin obsesiones y sin que esto llegue a ser un factor de aislamiento.

Jean Laplanche menciona que el duelo es un verdadero análisis, un proceso que desanuda, disuelve, desliga, deshace. Bien elaborado, puede ser una oportunidad en que se convierta en el punto de partida de un cambio psíquico profundo y creativo.

 

TEXTO: Gabriela Ramos Mendoza /Psicoanalista

 

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