No tengo hijos, pero, yendo ya rumbo a los cuarenta, noto que mis amigos de mi edad me lo reprochen: tienen menos tiempo para divertirse, no pueden arriesgarse al desempleo, duermen mucho menos y ahorran mucho más, pero dicen que son felices como papás. Tan masoquista retrato es intraducible, aunque hay quienes se esfuerzan por explicarlo, con profundo respeto al pathos que rezuma el ciclo de la paternidad: esa angustiosa felicidad de atarse a un destino ajeno de cólicos, pañales, guarderías  pubertades, adolescencias y otros azotes.

Cada tres o cuatro días, desde 2013, el dibujante estadounidense Brian Gordon publica la tira cómica Fowl Language, en la que se representa como un pato que es un padre de familia. El título significa “idioma de aves”, pero también recuerda a la expresión “lenguaje inapropiado”, ese que los adultos deben evitar ante los niños porque, como él comprueba cada cinco minutos,  los niños lo imitan todo.

El drama de este padre de dos patitos es mucho más abundante en anécdotas que en malas palabras. Fowl Language es una tira, dice, sobre el día a día de la paternidad imperfecta: un padre tiene que aprender que las vacaciones de la escuela duran demasiado poco, que tus hijos superarán a cualquier reloj de alarma, que los pleitos de hermanitos merecen primero discursos antibullying y luego entrenamiento de boxeo, que a veces en lugar de limpiar el baño de los niños es preferible prenderle fuego…  etcétera. En Fowl Language, el tierno angelito que es tu hijo te mata de tristeza el día en que se tropieza por primera vez, pero un par de años después, si llega y te dice: “Papá, creo que se me salió una pierna”, le contestas: “Pues vete brincando con la otra hasta el botiquín, a ver “si hallas curitas”.

El humor de Brian Gordon es, por supuesto, una salida neurótica al amor que le tiene a su familia. Este mismo padre pato desesperado opina que el mundo y la gente son reprobables, así que hay una sola que hacer para enfrentarlos: criar con cariño a sus hijos para que sean, si pueden, buenas personas. Cuesta trabajo créerselo cuando lo vemos, en una tira, anotando sus propósitos de año nuevo: “Seré un mejor padre”, para interrumpirse a gritos cuando su niña más pequeña le dice con toda ternura: “En lo que terminas, papá, puede que haya rasurado al perro por accidente”.

Quienes no tenemos niños,preferiríamos a los perros, pero Fowl Language es una buena propaganda a favor de quienes prefieren tener hijos.

 Léalo en FowlLanguageComics.com y en el muro de Facebook Fowl Language Comics.

 

Iván González Vega