Una par de iniciativas publicadas en Change.org le proponen al Ayuntamiento de Guadalajara que expropie el terreno que dejará libre la Bodega Aurrerá de las avenidas Chapultepec y México, y que construya allí o un parque cultural o un teatro. En ambos casos, los autores argumentan que hace falta más cultura en la ciudad. En pocos días las iniciativas recibieron cientos de respuestas y no pocas críticas, entre las cuales se repetía ésta: ¿por qué más cultura en Chapultepec y no en otras zonas de la ciudad?

Es evidente que Guadalajara carece de una oferta cultural robusta, si se la compara con la Ciudad de México por ejemplo, pero es una ciudad privilegiada si se la compara con las demás urbes mexicanas. Los tapatíos tenemos cines comerciales y alternativos, teatros comerciales y la segunda oferta más abundante del país en teatro independiente, conciertos, danza, arte tradicional, artes plásticas y, por supuesto, literatura.

Aun así, los artistas denuncian la falta de espacios, de actividades y de medidas de fomento. Muchos insisten en trabajar para resistir a la sordera de las autoridades, y otros abren sus espacios, producen sus actividades y animan sus propias estrategias de promoción. Esto no alivia, sin embargo, la concentración y la centralización de la oferta cultural: en Analco hay menos cosas que hacer que en la colonia Americana, pero seguro todavía son menos en Balcones de la Cantera.

El observatorio de la calidad de vida Jalisco Cómo Vamos lo demostró con números: conforme uno se aleja del Centro, la oferta y la asistencia a actividades culturales bajan, de forma que los habitantes de El Salto, los tapatíos con menor nivel socioeconómico y los de menor nivel educativo son auténticos damnificados. Ni siquiera internet ayuda: en la metrópoli 47% de los encuestados por el observatorio no tiene conexión a la red desde su casa; en El Salto los desconectados son 74 por ciento.

Sacar la cultura de los centros urbanos es imperativo. Contra la inopia de muchos gobiernos, algunas dependencias y muchos artistas han hallado alternativas. En la ciudad funcionan redes culturales ligadas a la vida barrial, como las respaldadas por el Programa Nacional para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Pronapred), que incluyen a las escuelas de música como la ejemplar Escuela de Santa Cecilia. Artistas independientes como el grupo La Valentina Teatro han negociado que sus funciones viajen por colonias y barrios lejos del centro de Zapopan. La Fundación Tónica colabora con gobiernos locales para llevar jazz a barrios y colonias. El centro cultural de la colonia Ferrocarril está activo varias veces por semana, pese a que es pequeño y necesita más recursos.

 

Un nuevo teatro, un parque cultural, siempre serán buena idea. Si el Gobierno de Guadalajara acepta las iniciativas propuestas en Change.org, muchos lo festejaremos. Pero hay deudas interminables por la amplia ciudad. La verdad es que la promoción de la cultura es un arte complicado: a la Escuela de Santa Cecilia, La Valentina Teatro, el centro de La Ferro o Fundación Tónica se les podría ir a preguntar cómo le hicieron para llegar más lejos. Si los nuevos Gobiernos les hacen caso, lo festejaremos más.

Iván González Vega