Nace tu bebé y entonces tienes un dilema: embracilar o no embracilar, ¿por qué será que todos los bebés quieren brazos?

 

Naces, creces, aprendes que a los bebés no se les debe embracilar y luego, ¡te reproduces!

Parece que desde que la carriola surgió, eso de cargar a los bebés está totalmente contraindicado. Todo mundo lo sabe, (incluso tú lo sabías) pero es que, ahora con tu bebé en brazos, parece que tu bebé y tus hormonas, han decidido declararle la guerra a esa consigna centenaria.

Tu bebé es más cuerpo que nada, no sabe de reglas sociales, no se reprime, no habla. El bebé, huele, toca, prueba, observa, llora, su única forma de conectar contigo es, a través del cuerpo, o sea, encima de ti, así es como duerme mejor, así es como se calma, ¡eso es lo que quiere!

Si seguimos con la idea de que los bebés se “embracilan”, manipulan y no los debemos tener en brazos, podemos pasar días enteros de llanto, estrés y mucho sufrimiento entre mamá y bebé.

Para nuestros bebés, igual que cuando éramos nómadas, la presencia del adulto es cuestión de vida o muerte. El estrés generado cuando un bebé pide que lo abracen y nadie responde, puede producir unos niveles de cortisol en el cerebro tan altos, que algunos estudios indican que el cerebro tiende a desconectarse, porque se pone en modo de alerta, baja todas sus funciones fisiológicas al mínimo y deja de desarrollarse y explorar el mundo.

¿Vivir como en las cavernas?

El problema con este instinto, es que choca con la vida moderna, creemos que tener un bebé embracilado, es tener una mamá inmovilizada. Pero la realidad es que las mujeres siempre se las han arreglado para conciliar sus obligaciones productivas, con su llamado maternal. Las mujeres siempre han trabajado y lo han hecho con sus hijos sobre su cuerpo, ¿cómo? ¡Porteando!

Basta con echar un vistazo a nuestro campo mexicano, incluso al mercado de la colonia.

En los tiempos actuales, ese deseo de compaginar de una forma orgánica o natural, la crianza y las exigencias cotidianas, llevaron a la exploración de esa actividad ancestral y lo convirtieron en el porteo moderno o porteo ergonómico.

 

Desde tus brazos, tu bebé llora menos, padece menos cólicos, duermen mejor, se desarrolla mejor su sistema vestibular e inmunológico, previene o incluso puede llegar a corregir la displasia de cadera, lee mejor las expresiones faciales y establece un lenguaje mucho más fluido antes y después de que aprende a hablar.

Por: Sugey González
sugey@glez gmail.com