La culpa es una fiel compañera, nos sentimos culpables cuando hacemos algo que no deberíamos, pero también, cuando nos sentimos bien, cuando experimentamos placer o si algo nos sale a pedir de boca.

Cuando estamos criando hijos imaginarios, tenemos muy claro todo lo que vamos a hacer cuando los reales lleguen a nuestras vidas. No sé si a los hombres les pase, pero en el caso de las mujeres, muchas tenemos muy claro el tipo de madre ideal, cuasi perfecta que podremos llegar a ser.

Tener “El” modelo de crianza no está del todo mal, habla de nuestro sentido de proyección y de la gana de gestionarlo, sin embargo, hay que reconocer que en esa lista elaborada a priori, está incluido aquel modelo de madre que NO queremos ser. Y cuando aún no tenemos hijos, ese tipo de mamá desfila frente a nosotros día a día, en la cafetería, en el coche de al lado, en las reuniones familiares, etcétera.

 

 

Pero, todo tiene su momento, así que se llega tu debut: el día en el que pretenderás comenzar con todo lo que incluye tu lista.

Será que ese plan de acción no te duró ni la cuarentena o será que la culpa no te deja en paz, al recordar el montón de veces que criticaste a las madres que te antecedieron, pero de pronto parece que estás en medio de una guerra, ¡la guerra de las madres!

Piensas que todas las que no hacen lo que tú, están enteradas de esas críticas de inexperta que osadamente hiciste.

No hay mejor (o único) lugar para poner de manifiesto la trinchera a la que perteneces, que las redes sociales, (la verdad es que, si analizas, sabrás que en la vida “real”, te llevas bien con las otras mamás). Basta con ubicar el nombre de tu comando, para sumarte a las filas.

¿A quién le conviene que las madres estemos en competencia, confrontadas unas con otras y distantes de las que tenemos al lado? Si observamos más allá de las impostadas etiquetas que nos atañen en los grupos de Facebook, nos daremos cuenta que es el consumismo, o sea, el mercado de productos y alimentos para bebés, quienes ganan cada que una mamá se siente una “isla”.

 

Una madre que no tiene una red de apoyo, que le enseñe, que le contenga, que le acompañe y que le resuelva (¿por qué no?), lo más seguro es que esa mujer llenará su casa de artilugios no esenciales para la crianza o para el cuidado de su bebé. Todos sabemos que comprar lo que no necesitamos, es una forma de maquillar aquello que sí nos es fundamental.

Cuando quieras comprar algo que no estás segura de necesitar, pero lo que representa es una preocupación sobre tus capacidades maternales y si no confías en que aquella otra mamá que está cerca, porque sientes que ella no se parece a ti, ¡Sal de esa tienda! entérate que esa mamá se parece tanto a ti, que se está sintiendo igual de culpable por haberte criticado.

 

Hacer red en los grupos de Facebook es una maravilla, pero debes dejar la culpa a un lado, no te compres el cuento de que las mamás en la vida real se confrontan y déjate querer, quiera a las otras madres y hazte una tribu. 

 

Por: Sugey González

sugey.glez@gmail.com

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