Caminar es meditar ¿Cada cuánto salimos a caminar? Despejar la mente, fijarnos en las casas de alrededor... Ver las nubes y encontrarles forma al igual que a nuestra vida... Darle un respiro al alma, permitirte un tiempo contigo, pasear. Sin rumbo, izquierda o derecha da igual. Mirar los camellones, meterte entre callecitas, ver cómo cae la tarde. Palmeras, pinos, jacarandas, flores.

Ver el sol, concebir que no decidimos dónde nacemos y de quién pero agradecer que estamos en el lugar indicado. Yo amo mi ciudad, recorrerla a pie es todo un arte. Permitirte el placer de estar, decir "buenas tardes", pararte en una librería, seguir.

He descubierto el deleite de avanzar paso a pasito, no importa. Admirar como lo haría un turista, asombrarte como niño, tirarte en un parque, comprar una paleta de hielo, prueben la de piñón.

La vida no es pura prisa si no queremos. Aprender a poner una pausa y darnos este tipo de momentos a mí me ha transformado igual de lento que mis pasos, pero a un ritmo constante. Es así como se logran a veces las cosas... Paso a paso, con pausas recreativas, porque son necesarias.

Mirar lo que sí tienes, lo que sí eres, apoderarte de dónde perteneces. Acapararte de los espacios públicos y disfrutarlos lentamente. Ese gozo sólo es dueño de quien quiere abrir el regalo que está para ti todos los días. Caminar es aprender.

Eso pensé el domingo que me di la chance como antes lo hacía y pensé ¿Por qué dejamos de hacer estas cosas si son tan alentadoras? Y es que entre tanto ajetreo no priorizamos lo que verdaderamente importa.

Tal vez estoy en un momento donde después de esa edad donde tienes todas las expectativas del mundo te das cuenta de que te rindes a ellas y no porque no sea ambiciosa, sino porque precisamente a veces las expectativas vuelven invisible los milagros que están pasando simultáneamente porque nos olvidamos que lo más hermoso es lo más sencillo.

Eso me pasó mientras caminaba, me olvidé de las grandezas que quiero alcanzar y sólo disfruté la cuadra en la que estaba sin desear llegar a la siguiente, encontrando en ello la fórmula para vivir, estar donde estás mientras irónicamente estás avanzando. Edificios viejos al lado de nuevos, experiencias en la memoria que se vienen al presente mientras aspiramos y exhalamos el olor inigualable de Guadalajara: Tierra mojada.

 

Redescubrirte, aprender a observar, conocer de otra manera las cosas, olvidándote de lo que pasa porque lo que está es lo que cuenta y lo que hay que admirar. Paso a pasito, sin importar el final.

Por Lucía la de Flor.