Estamos tan acostumbrados a que nos llamen tapatíos que apostaría a que sólo 1 de cada 10 se pregunta por qué no somos "Guadalajarenses". Tal vez fue que un tapatío viajó al pasado y supo que "Guadalajarense" sería un hashtag demasiado largo o tal vez los aliens llegaron y... "¡Lucía! Cuéntalo bien!". Ya pues.

Les presento a las tres leyendas posibles por las que somos Tapatíos y no Guadalajarenses, adopte usted la más conveniente.

 

1.- PORQUE SOMOS TIANGUEROS. Leyenda más confiable según la Asociación Gentilicia A.C:

En el siglo XVII cuando ya andaban merodeando nuestros españoles y los "Guadalajarenses" recurríamos al  náhuatl, dio la casualidad de que nos dedicábamos profundamente al negocio tianguero. La palabra "tapatío" proviene del vocablo "tlapatiotl" que significa "vale por tres" y es que específicamente en los tianguis de Guadalajara - a diferencia de cualquier otra parte de México - se realizaba un intercambio de tres piezas por tres piezas sin importar el tamaño de las mismas.

Pero ponle a un español a pronunciar "tlapatiotl" o es más, trata de hacerlo tú y vas a ver cómo sale del corazón decir "tapatío". Pues así dicen que pasó. Los españoles llamaban a ese trueque "tapatío" y la gente que venía de fuera pensaba que se refería a esas hermosas creaturas nacidas en Guadalajara.

 

2.- PORQUE SOMOS BIEN DULCES. Una leyenda derivada de la pasada:

Algunos cronistas han descubierto que "tlapatiotl" también podía referirse a un costalito que contenía diez cacaos. Es decir, podías llevar tu costalito y cambiarlo por tres cosas. (No quiero verme muy presumida y eso pero cacao significa "el alimento de los dioses"). Y si esta leyenda es la verdadera somos tan dulces como el chocolate.

 

3.- POR GRITONES. La leyenda más chistosa:

Nuestra identidad es producto de una tamalera gritona. Dios ¡Que risa! Dicen que una tamalera de Tlaquepaque se la vivía gritándole a su tío que tapara la olla de los tamales. "¡Tápala tío!" Los historiadores toman esta anécdota como poco seria pero la realidad es que cabe la posibilidad de que los tapatíos somos un grito de tamales. A mí no me molesta, los tamales son sagrados y las manos de quien los hacen también así que mi mamá tamalera, donde quiera que esté, si la leyenda es cierta, le agradezco.

Pero más allá de que valgamos por tres, vengamos del chocolate, o sepamos compartir algunas piezas cambiándolas por otras o tal vez seamos producto de una tamalera: somos nosotros ¡Y nadie lo puede negar! Ya que a partir del siglo XIX el Ayuntamiento de Guadalajara adoptó la palabra tapatío como gentilicio de las personas hechas, nacidas y vividas en La Perla. ¿Y tú? ¿Con cuál teoría te quedas?

 

Por: Lucia Orozco